En la primera ocasión en la que Milena Busquets visitó Asturias para dar una charla, le tocó hacerlo en un psiquiátrico. La segunda, el pasado sábado 7 de octubre, en Oviedo, tuvo lugar en una tienda de paños y zapatillas, el Espacio Balbino.

 

La gracia, la espontaneidad y la inteligencia acompañan a Milena Busquets allí donde va. Y con tales mañas se arregla para hilar una conversación vibrante sobre literatura (o cualquier otra cosa) en el lugar menos esperado. A la convocatoria, entre rollos de telas y zapatillas elegantes -Milena se calzó un par para la entrevista, escogiendo cuidadosamente el color; unas Baldarra, en concreto- acudió un público con ganas de preguntar, al que la escritora cautivó.

 

El entusiasmo se transformó en ganas de leer. A la hora de la firma, tras la charla, se agotaron los ejemplares de Las Palabras Justas que formaban dos considerables montones sobre la mesa de paños.

 

Las Palabras Justas es un un diario del año 2021. Sirvió de guía para la conversación de Pachi Arroyo con Milena Busquets.

 

Ella de verde y negro.

Él, de rojo y blanco.

 

Es un libro idóneo para estimular la charla. Sus apuntes, sus esbozos, tocan muchos asuntos con ingenio, perspicacia y levedad, lo que permite volver a tocarlos sin temor a repetirse. Por otro lado, está abierto a su vida de par en par. Como la vida es siempre más rica que el relato y nadie, ni siquiera uno mismo, nos puede contar por completo, esa vida expuesta ofrece muchos flancos para hablar.

 

Las palabras de Milena Busquets desbordaron ampliamente las preguntas, las expectativas y el guion. La escritora habló de la escritura, de los diarios, de las experiencias más propicias a la literatura, celebró el permio Nobel de Annie Ernaux, negó que la desnudez fuera una opción, escarbó con curiosidad en el enigma de la autoficción (¿por qué los lectores la prefieren a la ficción de toda la vida, de la que el autor está ausente?), confesó que por esa vía tirará, resaltó que las mujeres escribirán con ventaja en este registro por su exploración más exacta y acostumbrada de la intimidad. Contó por qué había decidido estudiar arqueología, dejó ver su amor por Barcelona y por los pasteles, proclamó que le hubiera gustado tener doce hijos, resaltó la importancia del amor -como asunto y como experiencia-, se emocionó recordando la última juventud. Y muchas cosas más en una hora que voló como los cohetes espaciales que tanto le hacen soñar.

 

Muchas gracias a Milena Busquets por el muy buen rato.

 

(Crónica escrita por Pachi Arroyo y adaptada para este blog)

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