Dentro del paquete que se ve en la imagen hay un par de zapatillas Balbino. Unas Landi verde del 37, en concreto. Las más viajadas de la historia: de Oviedo a Madrid. De Madrid a Gijón. Y de vuelta a Madrid. Cualquiera diría que son zapatillas de estar por casa.

Salió de nuestro almacén el día diez de mayo. Era un regalo para el Día de la Madre de unos hijos a los que les había pillado el toro. Pero ya se sabe que una madre lo perdona todo.

Por diferentes circunstancias -ajenas a Balbino y, por supuesto, a la pobre madre- las zapatillas no llegaron a su destino hasta hace una semana.

Y casi que nos dio pena que lo hicieran, porque ya se había convertido en un pequeño ritual recibir el paquete de vuelta y volver a intentar su entrega.

El paquete iba sumando kilómetros y destinos. Al final, con tanta etiqueta, parecía una de aquellas maletas a las que se le iban añadiendo pegatinas de los sitios que visitaba.

Y a nosotros nos sirve para homenajear a los repartidores que cada día vienen hasta Balbino a recoger los paquetes. A los que logran entregar los paquetes incluso cuando la dirección está mal. O ni tan siquiera existe. A los que dudan un segundo cuando te llaman por teléfono porque acaban de picarte y no estabas… y al final te dicen: “venga, que vuelvo ahora que estás”.

Muchas veces nos preguntamos cómo es posible que un paquete salga un día de Asturias y esté al día siguiente en Madrid, en Barcelona, en Benidorm o en Zaragoza.

Pues porque hay personas que hacen bien su trabajo. Aunque a veces se lo pongamos realmente difícil.