Llevamos ya cinco años con Balbino y nos vamos conociendo. Entre nosotros, se entiende. Que conocerse a una misma lleva mucho más de un lustro. A veces no da tiempo ni en una vida entera, como para hacerlo al mismo tiempo que montas una empresa que un día fabrica zapatillas de estar por casa y al día siguiente edita libros.

Pero entre nosotros -somos seis- digamos que ya nos tenemos calados. Sabemos las virtudes y flaquezas de cada uno, interpretamos lo que queremos decir cuando decimos otra cosa totalmente diferente o sabemos casi a la perfección cuándo un mensaje ha sido REALMENTE leído en el grupo de Whatsapp -y no tiene nada que ver con lo que diga la aplicación-. Cosas de la convivencia y de las vacas flacas.

Aunque siempre hay tiempo para los descubrimientos. Especialmente en los viajes.

La semana pasada, en nuestro periplo por algunas ciudades castellanas, nos dimos cuenta de la sutil y elegante estrategia que utiliza nuestra directora comercial cuando explica a las tiendas por qué tienen que comprar las Balbino. Roza la técnica de la hipnosis.

Resulta que, al mismo tiempo que empieza a hablar, comienza a acariciar suavemente la zapatilla. Lo hace, además, acompasando el movimiento de su mano a la cadencia de su voz, de tal manera que, a veces, logra acabar una frase en alto al tiempo que repasa la lengüeta en dirección ascendente. Los ojos siguen ese movimiento como si de un partido de tenis se tratara.

La palma de la mano arranca en la puntera.
Y vuelve a subir.
Regresa a la puntera.
Y escala de nuevo hasta la lengüeta.

Y entonces, cuando ya estás a punto de entrar el trance con tanta mano pa arriba y mano pa abajo, a la comercial le sale ese alma de vendedora de crecepelo que tiene que cuadrar sus números de la forma que sea y, sin que te des cuenta, ya está preguntando por el número de pares que van a comprar, explicando el tiempo de reposición y rellenando la ficha de cliente. Sucede todo tan rápido que te preguntas, ¿dónde quedaron las caricias? (Es decir, la desorientación es tal que ya no sabes ni de qué lado estás, si del que vende o del que compra).

Así es la vida del emprendedor, queridos amigos. El relato está muy bien, pero hay que vender. De eso sabe bastante nuestra directora comercial, que aplica únicamente la técnica de la hipnosis cuando ve que realmente hay opciones de venta. ¿O será al revés?