El 1 de mayo de 2022 publicamos el libro Teoría del insulto en Asturias, un ensayo sobre los improperios más utilizados por la sociedad asturiana. Es una maravilla -cualquier libro que provoque la risa es una maravilla- y está editado que da gusto, pero claro, ¿qué vamos a decir nosotros, si somos los editores? El autor es José Manuel Vilabella, todo un personaje. A nosotros nos parece un tipo culto, entrañable y muy simpático, pero claro, ¿qué vamos a decir nosotros si somos los editores? Ante el miedo de que usted piense que está ante un texto más de marketing, vamos a girar ya hacia el asunto principal de estas líneas.

La venta del libro va bastante bien. Es más, se convirtió hace unos días en el primer producto de la historia de Balbino que cubre la inversión realizada para su producción. No nos saca de pobres ni nos paga las deudas, pero, bah, nos hace ilusión. Además, el Mundial del Insulto en Asturias que organizamos para celebrar el lanzamiento contó con la participación de miles de personas. Varios medios nacionales le dedicaron espacio. Un modesto éxito que nos hace felices.

Hay, sin embargo, algo que nos llama la atención en el proceso de compra del libro. Y es que en un alto porcentaje de los pedidos los compradores se hacen con 2, 3 e incluso 4 ejemplares. Hay semanas en las que las ventas múltiples superan a las individuales. La mayor parte de los pedidos salen, por cierto, dirección a otras comunidades o incluso al extranjero. Parece obvio que las compras son de asturianos que residen fuera de su tierra, pero, ¿por qué compran varios ejemplares? ¿Acaso están traficando con ellos?

Pues sí.

Balbino está en disposición de confirmar la existencia de una sociedad secreta del insulto (se escribe en minúsculas precisamente porque es secreta) cuyos integrantes están haciendo circular el libro entre familiares, amigos y compañeras de trabajo, estableciendo un código que les permite faltar al respeto con conocimiento de causa, de forma ilustrada y, sobre todo, sin que la persona aludida se entere.
Parece ser que la entrega de libros se produce en los recesos de las comidas de domingo, en los cafés de media mañana o, incluso, se introducen de forma disimulada en los bolsos de las destinatarias.

Una vez entregado el material, se establece la buscada camaradería, que permite llamar babayu a ese compañero de trabajo que no acepta otra definición (porque no la hay ni en castellano ni en inglés, ni en alemán, ni en francés, solo en asturiano); a esa prima que es fata porque volvió con su pareja aunque le aconsejamos trescientas veces que no lo hiciera, aunque ya sabíamos lo que iba a pasar porque, efectivamente, es fata; a ese jefe que es un gochu y que nadie entiende cómo llegó a jefe con esos modales y esa ética de gochu; a ese cuñado que es un faltosu y que todo lo sabe (menos que es un faltosu).

El libro también habilita a los portadores para soltar cagamentos que no ofendan a ninguna religión conocida.
Compartimos esta información contigo, amigo de Balbino, porque creemos que sabrás manejarla con discreción. Y que si decides sumarte al movimiento, lo harás con pasión y con ganas de extender los improperios asturianos hasta los últimos confines del universo.

Nosotros estamos muy a favor de la sociedad secreta del insulto, pero, claro, ¿qué vamos a decir nosotros, si somos los editores?

P.S: Si quieres sumarte a la sociedad secreta, aquí te dejamos el enlace.