Vender zapatillas de casa plantea varios retos. El principal es común a otros productos: hay que vender. Pero en este caso se suma un detalle nada menor: las zapatillas de casa, como su propio nombre indica, son para casa. Eso implica que solo te las van a ver puestas en tu hogar, lo que reduce considerablemente las opciones de que los amigos de Balbino se conviertan en escaparates andantes. Que sí, que hay gente que las saca a la calle, pero son los menos. Y son zapatillas de interior.

Y hay que añadirle otra complicación: es muy difícil saberte el número de pie de la persona a la que vas a regalar calzado. Es decir, técnicamente no es difícil -lo preguntas y ya está- pero si vas a hacer un regalo se pierde un poco la magia. Y si es tu pareja, tu padre o tu madre y lo preguntas, vas a quedar regulín regulán.

Para echar un cable a todas esas ovejas descarriadas, pusimos en marcha hace unos meses un servicio de ayuda al cliente que, digamos, era bastante peculiar. Si querías regalar unas Balbino a alguien y no sabías su número de pie, nos dejabas sus datos y nosotros nos encargábamos de contactar con ese alguien y de obtener la información.

Seamos sinceros: cuando proponemos este tipo de cosas las hacemos un poco por la coña y porque vendiendo zapatillas de casa tampoco tienes mucho que perder. También porque, en realidad, pensamos que nadie lo va a utilizar.

Pero los caminos de esta empresa son inescrutables. Y hace dos semanas nos entró este correo:
Quiero regalarle unas Balbino a un amigo por su cumple pero no estoy segura de si calza un 40 o un 41. He leído que ofrecéis un elaborado servicio de investigación así que os paso su nombre y número. Si necesitáis algún dato más para la trama, decidme.

Tras la algarabía inicial -no hay cosa que más ilusión nos haga que que alguien entre en nuestros juegos con sentido del humor- nos dimos cuenta del marrón en el que nos habíamos metido. Ahora había que llamar a una persona e investigar su número de pie. ¿Cómo lo haces? ¿Cómo te presentas? ¿Entras en frío o vas conduciendo la conversación? ¿Qué tipo de conversación con alguien que no conoces puede acabar hablando de la talla de pie?

Marcamos el número de teléfono.

-“Hola, G. Mira, esta es una llamada un poco friki. Pero no te asustes…”
(Igual no es la mejor entrada, la verdad).

-“¿Quién eres?”

-“Mira, tú no me conoces, pero alguien que te quiere hacer un regalo nos ha pedido que investiguemos tu número de pie”.

-“¿Esto es una broma?”

-“No, no. Ya te dije que era una llamada un poco friki. Es que tampoco te puedo dar más detalles porque es un regalo sorpresa y se perdería la gracia”.

Silencio al otro lado.

-“Mira, yo estoy trabajando ahora y no sé qué tipo de broma es esta. No voy a darte mi número de pie”.
(Aquí ya nos pusimos un poco en plan comerciales).

-“A ver, te entiendo perfectamente. De repente te llama alguien que no conoces de nadie y te pide el número de pie. Entiendo el reparo a compartir datos. Pero ten en cuenta que es un dato con el que no podemos hacer nada. ¿Para qué vamos a utilizar tu número de pie?”.

-“¿Entonces que más te da que no te lo dé?”.
(Mierda).

Hicimos un último intento:

-“G, de verdad. Sé que suena rarísimo, pero no tiene nada de malo ni ningún riesgo. Tenemos tu teléfono porque nos lo ha dado una persona que es amiga tuya. Nos ha pedido que investiguemos tu número de pie para hacerte un regalo. Nos harías un gran favor si nos lo dices”.

-“Pues no, no os lo voy a decir. No sé quiénes sois y esta llamada es muy rara”,.

-“Ahí tienes razón. Pues gracias y perdona”.

-“Nada, hasta luego”.

Y así fue como estrenamos nuestro servicio de investigación del número de pie de personas que no conocemos.

Si a pesar de lo que acabas de leer -o precisamente por lo que acabas de leer- quieres utilizarlo, aquí te dejamos toda la información.