En la tarde del 5 de enero celebramos una breve reunión en nuestra sede para hacer balance de la Navidad y brindar antes de la noche de Reyes.

Todo transcurría dentro de la relativa normalidad de esta empresa. Salvo una cosa: uno de los socios se mostraba apocado. Rehuía las miradas, hablaba poco, apenas comía roscón… raro en él, ya que, además de dicharachero (por no decir que no calla) es de buen comer (por no decir zampabollos). “Bueno”, pensamos, “igual está haciendo balance del año y piensa que se portó regulín regulán y que los Reyes no le van a dejar muchas cosas”.

La reunión fue avanzando. Entre pedazo y pedazo de roscón mojado en chocolate, íbamos hablando de los buenos momentos que hemos vivido en estos días, de la cantidad de amigos nuevos que hemos hecho, de toda la gente que pasa por nuestro espacio -algunos ya hablan de Pumarín (el barrio de Oviedo en el que estamos) como el Soho Ovetense, aunque también podríamos decir que el Soho es el Pumarín neoyorquino-, de lo identificados que nos sentíamos con los pedidos de última hora en los que nos pedían que por favor, por favor, por favor, llegaran antes del día 5. Una tertulia de trabajo, vaya.

Cuando ya nos íbamos a despedir, nuestro protagonista alzó la voz y dijo: “Quiero confesar una cosa”.

Todos nos quedamos expectantes, que ya se sabe que el verbo confesar es un verbo de altura.

“Ayer, cuando vi la encuesta que publicamos en redes sociales sobre si dejábamos una zapatilla o un zapato a los Reyes Magos, voté por la opción “zapatos”. Iba a decir que se me había ido el dedo, pero no, lo cierto es que llevo 40 años dejando un zapato a los Reyes Magos. En mi casa siempre fue así y pensaba que todo el mundo lo hacía, pero veo que formo parte de un minoritario 18%, y que lo mío es más preocupante porque soy socio de Balbino”.

Entonces comprendimos lo callado que había estado toda la tarde. Como era la noche de Reyes, le dimos un cariñoso abrazo de invierno (es decir, abrazo, pero no mucho), le recordamos que en Balbino estamos a favor de las minorías y las diferencias y, por supuesto, le vendimos unas zapatillas para esta noche. Sin descuento ni nada. Que una cosa es dar cariño y otra muy distinta perdonar que votara en contra de los intereses de la empresa en una encuesta de Instagram.