Aquí os dejamos una nueva entrega del consultorio Balbino. Ya sabéis que podéis compartir cualquier tipo de duda o inquietud en nuestro correo amigos@balbino.eu

¡Muchas gracias por vuestro sentido del humor?

 

¿Qué hago si nunca tengo tentaciones, porque siempre caigo en ellas?

Lo que te sucede es normal. Eso es porque tus tentaciones no están a tu altura de tus posibilidades.

Y es buenísimo que te hayas dado cuenta y amplíes lo que podríamos llamar “el abanico Tentación” (léase con voz televisiva mientras una de tus manos describe un arco a la altura de los ojos).

Una vez que transgredimos ciertas reglas y espacios, seguimos con la conciencia del pecado venial y nos reiteramos en el placer culpable controlado. Pero eso no son tentaciones. Las tentaciones provocan cierto malestar una vez que las transgredes. Y hay algo definitivo que la convierte en tentación y es el tiempo que se convierte en pensamiento rumiante en tu cabeza. Normalmente el día que uno cae no suele ser un acto premeditado, se ve ante el precipicio y de forma natural decide lanzarse.

Imagínate nosotros en Balbino, cayendo en tejidos como la pana que nunca estuvo en nuestro imaginario colectivo como tela que pudiéramos amar. Ese proceso de elección comenzó como tentación, rumiando en nuestras cabezas esos colores vivos, hasta que alguien a escondidas hace un prototipo y ahí está, no hay vuelta atrás, el color y el taco nos condujo a pecar.

Conclusión: en Balbino bendecimos los pecados veniales que produzcan placer a los sentidos. Aunque luego no sean rentables en ningún sentido.

 

¿Cuál era vuestro personaje preferido de la serie Sensación de Vivir?

¡Pero bueno! ¿Qué fantasía de pregunta es esta? Pero, sobre todo, ¿qué edad te crees que tenemos? ¿Tú te crees que estamos para estos viajes en el tiempo? Nos acabas de hacer retroceder 30 años, a aquellos viernes frente a la televisión.

No nos hemos puesto de acuerdo sobre qué personaje sería el favorito de Balbino (es probable que los padres de Brandon y Brenda, que eran así como serios, modernos y potenciales usuarios de zapatillas de andar por casa). Incluso hay quién ha dicho: “los odiaba”. Otra voz, más técnica, ha contestado con un enigmático: “Nunca entendí ese casting”.

Pero hemos pasado un buen rato recordando la serie y a sus personajes. Bueno, hemos tenido que ir a Google, no te vamos a engañar. Aunque fueron 296 capítulos repartidos en 10 temporadas, apenas recordábamos el argumento, y eso que la serie se metía en líos con los temas que tocaba, ¿eh?

¿Personaje favorito? Es que depende. Eran todo estereotípicos, ¿no? Destinados a gustar a las masas, pero luego la vida es la vida, aquí y en el 90210 de Beverlly Hills. Por eso Brandon, que era la pareja que toda madre querría para su descendencia, se fue deshinchando poco a poco: porque era un pan sin sal. Brenda, su hermana melliza, fue creciendo con el tiempo. Cuando llegó a su nueva ciudad, no se aguantaba ni ella -era una repunante de manual-, pero claro, conoció a Dylan y la cosa cambió.

Dylan era el (más) guapo y rebelde -con buen corazón, por supuesto, que era americano-. De hecho debuta en la serie defendiendo a un chico en el instituto. Era el chico que gustaba a más chicas. También a más chicos, pero claro, de aquella eso no se decía. Gustaba hasta a los chicos a los que no les gustaban los chicos.

A Kelly, el guion de la serie la presentaba como una “zorra adolescente malcriada”. No le teníamos mucho aprecio en la memoria -los guionistas hicieron bien su trabajo-, pero ahora repasando todas las cosas que le sucedían al personaje entendemos que fuera por la vida un poco con cara de limón. No era para menos. Le pasaron casi tantas cosas como a Ulises, pero televisadas, que es mucho peor. Donna nunca logró ser Donna, porque siempre fue Tori Spelling y todos sabíamos de quién era hija -el apellido de su padre aparecía en los títulos de crédito-. Y aquí nadie dedica los viernes por la noche para ver a la hija del jefe.

David tenía algo que en la España de aquel entonces era como ver un marciano: quería ser DJ. Era el típico colega del colegio que siempre estaba metido en líos… Y esos líos te atrapaban si estabas cerca. Steve era rubio, de ojos azules y rico. Solo le faltaba ser el capitán del equipo de fútbol americano -seguro que lo era, pero no hemos podido contrastar ese dato y aquí somos gente seria-. Era el típico de bofetada. Pero claro, no se lo podías dar porque, aunque se la mereciera, además de guapo, era alto y fuerte. Y luego estaba Andrea, que quería ser periodista -hay gente para todo- y que desapareció a mitad se serie. Aunque, eso sí, luego volvía de visita. Ahora que lo pensamos, Andrea parecía un personaje de otra serie.

Conclusión: en la votación interna, ganó Dylan.

Conclusión balbínica: después de un poco de debate, todos coincidimos en que no entendemos el casting.

El otro día, en el ascensor subí con un vecino y de repente empezaron a sonarle las tripas muy fuerte. Eran 11 pisos. Me dio como vergüenza. ¿Qué se hace en estos casos?

Pues a ver. Esto es una cuestión de gestión de tiempos. Si sabes en qué piso vive el vecino, puedes decidir sobre la marcha si te interesa abrir la conversación o no. Once pisos son muchos pisos y se pueden hacer muy largos con unas tripas sonando.

Si decides no decir nada, mirada al frente y a concentrarse en que no se te escape la risa. Ojo que no es fácil, ¿eh? Pero ten en cuenta que habrá contacto visual cuando uno de los dos se baje. Porque aunque haya ruido de tripas, la educación es lo primero.

Si optas por la empatía, más ojo todavía. A ver qué vas a decir. No salgas con un “Hay hambre, ¿eh?”. Lo mejor es una sonrisa medio bobalicona, a medio camino entre un “no pasa nada” y “vaya mal rato que me acabas de hacer pasar”. No te preocupes, que ya él va a entenderlo todo.

 

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